Se llama “pacto sucesorio” al acuerdo alcanzado entre el causante o persona que va a ser heredada y su heredero, en vida de ambos.

Es el caso del padre que ayuda a su hija casada entregándole una vivienda para su uso y el de la familia, con la promesa de que esa vivienda la recibirá en herencia a la muerte del padre. Y lo mismo hará con otros hijos. De esta forma la hija beneficiada realizará reformas y mejoras en la vivienda en el convencimiento de que la heredará, considerando que está “invirtiendo en lo suyo”.

Sin embargo, como regla general, los contratos o pactos sucesorios están prohibidos por el Derecho Civil, que los declara nulos. Opino que es otro ataque al sentido común que de nuevo nos regala el Derecho Sucesorio español.

Aunque al parecer mi concepto de “sentido común” difiere un tanto del de la generalidad de mis congéneres.

Desde hace un cierto tiempo me preocupa la solución que pretende darse a tres serios problemas que a todos los atañen: violencia de género, terrorismo y refugiados. Y me preocupa porque las soluciones ofrecidas por quien tiene capacidad de darlas en absoluto resuelven nada, cuando estimo que las soluciones son de una sencillez meridiana.

En cuanto a la violencia de género deberá impedirse de forma eficaz que cuando el agresor en potencia esté identificado, se acerque a su víctima. Basta ya de pulseras y solicitudes telefónicas de auxilio. Resulta sin embargo eficaz adiestrar perros con el específico objetivo de proteger a la persona en peligro, utilizando sus muy desarrollados sentidos del olfato, vista y oído para detectar al agresor mucho antes de que se haya aproximado, lo que si posibilitará la solicitud de auxilio y, en última instancia, atacar al agresor, identificado por el olor, especialmente en la entrepierna y yugular. Cuando se produzcan dos o tres episodios se les dará la oportuna publicidad en los medios de comunicación, a ser posible con imágenes del estado en que queda el agresor tras el ataque-defensa del animal.

En cuanto al terrorismo, creo que se parte de un concepto erróneo. Se habla de “guerra contra el terrorismo”, cuando la “guerra” es una actividad civilizada, regulada por leyes y regida por códigos de honor aceptados por los contendientes. Y los terroristas no han aceptado tales normas, de la misma forma que no la ha aceptado el virus del sida o del ébola. Igual que la lucha contra los virus ha de tender a su exterminación sin paliativos, y que no resulta acertado exterminar a los seres humanos de una determinada zona geográfica, por mucho que en ese lugar se ubique el foco de mayor contagio, tampoco resulta acertado masacrar una zona geográfica donde se localizan los nidos de terroristas. Por el contrario es preciso utilizar la ciencia y la tecnología. Deberá actuarse “quirúrgicamente” por los servicios de inteligencia y mínimo personal altamente cualificado y anónimo para adentrarse en los nidos de las alimañas y exterminarlas. Estoy convencido de que el mundo occidental cuenta con los medios tecnológicos, humanos y científicos para llevar a cabo tales operaciones de forma rápida, eficaz y discreta. Pues deben emplearlas precisamente para estos fines, y no para detectar que ciclanito habla con fulanito o cuales son los perfiles de consumo de determinado nicho de mercado.

Por último en cuanto a los refugiados demandantes de asilo político, me avergüenza pertenecer a una comunidad pusilánime, estúpida y criminal. Cuanta impotencia y rabia por esta sinrazón que mata. La solución es una, clara y sencilla: las Administraciones Públicas deberán habilitar sus dependencias aptas para ser inmediatamente ocupadas por personas. polideportivos, teatros, salas de conferencias, universidades y cuantas instalaciones puedan ofrecer un techo y servicios sanitarios, además de la habilitación de zonas abiertas para dotarlas de infraestructura militar de campaña. Habilitar medios de transporte para recoger en frontera a quien lo desee, y de forma coordinada desplazarlos a los lugares ya habilitados. Establecer un Estado Mayor de Mando Militar jerarquizado para coordinar la avalancha de voluntarios que se ofrecerán para prestar ayuda in situ a los refugiados. Y por último aprobar una reforma legislativa de urgencia que imponga penas severísimas para los delitos que se cometan con ocasión o como consecuencia de la situación de acogimiento de los refugiados. Y una vez que a esas personas se les haya dotado de transporte, comida, vestido, higiene, techo, seguridad y, en definitiva dignidad, entonces y solo entonces podrán los poderes políticos debatir sesudamente sobre el sexo de los ángeles.

Resulta sin embargo que estamos en el siglo XXI, planeando ir de veraneo a Marte, espiándonos la talla de calzoncillos que usan los habitantes de países emergentes, aprobando presupuestos para I + D y Defensa que cortan la respiración, y el Parlamento Europeo, Las Naciones Unidas, La Otan, el CSI, la CIA y todos los servicios de inteligencia del mundo no son capaces de impedir que un acomplejado apuñale a una mujer, que cuatro niñatos fracasados se lleven por delante a miles de personas, y que personas como yo, por la culpa de cuatro locos por el poder, se vea de la noche a la mañana jugándose la vida para refugiarse del horror en un lugar que le rechaza y responsabiliza de su propio horror.

Pues ahí van mis soluciones.

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